viernes, 13 de enero de 2012

La habitación del suicida

Seguramente crees que la habitación estaba vacía.
Pues no. Había tres sillas bien firmes.
Una lámpara buena contra la oscuridad.
Un escritorio, en el escritorio una cartera, periódicos.
Un buda despreocupado. Un cristo pensativo.
Siete elefantes para la buena suerte y en el cajón una agenda.
¿Crees que no estaban en ella nuestras direcciones?

Seguramente crees que no había libros, cuadros ni discos.
Pues sí. Había una reanimante trompeta en unas manos negras.
Saskia con una flor cordial.
Alegría, divina chispa.
Odiseo sobre el estante durmiendo un sueño reparador
tras las fatigas del canto quinto.
Moralistas,apellidos estampados con sílabas doradas
sobre lomos bellamente curtidos.
Los políticos justo al lado se mantenían erguidos.

No parecía que de esta habitación no hubiera salida,
al menos por la puerta,
o que no tuviera alguna perspectiva, al menos desde la ventana.

Las gafas para ver a lo lejos estaban en el alféizar.
Zumbaba una mosca, o sea que aún vivía.

Seguramente crees que cuando menos la carta algo aclaraba.
Y si yo te dijera que no había ninguna carta.
Tantos de nosotros, amigos, y todos cupimos
en un sobre vacío apoyado en un vaso.

de Wislawa Szymborska.

martes, 3 de enero de 2012

Así el viento.

Sopla el viento

Así es como sopla el viento:
como los pensamientos de un anciano,
que aún piensa con estusiasmo
y con desesperación.
El viento sopla así:
como una mujer sin ilusiones,
que aún siente en su interior cosas irracionales.
El viento sopla así:
como humanos que se acercan orgullosos
como humanos que se acercan enojados.
Así es como sopla el viento:
como un hombre profundamente oprimido,
indiferente a todo.

The wind shifts, de Wallace Stevens / Harmonium.

viernes, 16 de diciembre de 2011

Chandler Nicholas

Todas las mañanas bañándome y afeintándome y vistiendome
pero nadie en mi vida que pueda deleitarse con mi aspecto melindroso.
Todos los días caminando y respirando hondo
para beneficio de mi salud.
¿Pero de qué sirve la vitalidad?
Cada día mejorando mi mente
con meditación y lecturas
pero nadie con quien intercambiar sabidurías.
No es ágora, ni casa de cambio
de las ideas, Spoon River.
Buscando, pero nunca buscando;
maduro, sociable, útil y sin embargo inútil
encadenado aquí en Spoon River,
¡Mi hígado despreciado por los buitres,
y autodevorado!

De Edgar Lee Masters. Antologia de Spoon River.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Participo de la niebla luminosa

Ya no tengo alma

Ya no tengo alma. La di a la luz y al ruido,
Sólo siento un inmenso vacio donde tuve alma...
Soy sólo una cosa exterior apenas,
Consciente de que no es nada...
Pertenezco a la liviandad y a la crápula de la noche
Soy sólo de ellas, me encuentro disperso
Por cada grito ebrio, por cada
Tono de la luz en la gran barriga de las botellas,
Participo de la niebla luminosa
De la orgía y de la mentira del placer.
Y una fiebre y un vacío que hay en mí
Me confieso ya muerto... Me palpo
Alrededor del alma, los fragmentos de mi ser
Con el hábito inmortal de sondearme.

Canto IV del Tercer tema: Quiebra del placer y del amor. EL PRIMER FAUSTO. Fernando Pessoa.

sábado, 1 de octubre de 2011

Los lobos

Hay lobos esperando en el cuarto contiguo
con las cabezas bajas, tensos, olfateando
nada en la oscuridad; entre ellos y yo
una puerta blanca con retazos de luz del salón
donde se diría que nunca (tan sosegada es la casa)
ha caminado un hombre de la puerta de calle a la escalera.
Todo ha sido eternamente. Las bestias rasguñan el piso.
He cavilado sobre angeles y demonios
pero nunca un hombre ha estado en un cuarto
vecino a otro atestado de lobos, y por el honor del hombre
afirmo que yo nunca antes lo había experimentado.
Mientras buscaba la estrella vespertina en una fría ventana
y silbaba cuando Arthur derramaba su luz,
oí reñir a los lobos, y dije: Entonces esto es
el hombre; entonces -qué mejor conclusión hay-
el día no seguirá a la noche, y el corazón
del hombre tiene poca dignidad, pero menos paciencia
que un lobo, y un sentido más embotado
que no le permite oler su propia mortalidad. (Ésta y otras
meditaciones serán apropiadas para otros tiempos
despues que el silencio del perro aúlle su epitafio.)
Ahora recuerdo el valor, ve a la puerta,
ábrela y mira si enroscada en lka cama
o temblando junto a la pared, una bestia salvaje
quizá con cabello dorado, con ojos oscuros,
como una araña barbada en un piso bañado de sol
gruñe -y el hombre nunca puede estar solo.

De Allen Tate (versión de César Aira)