viernes, 11 de noviembre de 2011
Ya no tengo alma
Ya no tengo alma. La di a la luz y al ruido,
Sólo siento un inmenso vacio donde tuve alma...
Soy sólo una cosa exterior apenas,
Consciente de que no es nada...
Pertenezco a la liviandad y a la crápula de la noche
Soy sólo de ellas, me encuentro disperso
Por cada grito ebrio, por cada
Tono de la luz en la gran barriga de las botellas,
Participo de la niebla luminosa
De la orgía y de la mentira del placer.
Y una fiebre y un vacío que hay en mí
Me confieso ya muerto... Me palpo
Alrededor del alma, los fragmentos de mi ser
Con el hábito inmortal de sondearme.
Canto IV del Tercer tema: Quiebra del placer y del amor. EL PRIMER FAUSTO. Fernando Pessoa.
Sólo siento un inmenso vacio donde tuve alma...
Soy sólo una cosa exterior apenas,
Consciente de que no es nada...
Pertenezco a la liviandad y a la crápula de la noche
Soy sólo de ellas, me encuentro disperso
Por cada grito ebrio, por cada
Tono de la luz en la gran barriga de las botellas,
Participo de la niebla luminosa
De la orgía y de la mentira del placer.
Y una fiebre y un vacío que hay en mí
Me confieso ya muerto... Me palpo
Alrededor del alma, los fragmentos de mi ser
Con el hábito inmortal de sondearme.
Canto IV del Tercer tema: Quiebra del placer y del amor. EL PRIMER FAUSTO. Fernando Pessoa.
sábado, 1 de octubre de 2011
Los lobos
Hay lobos esperando en el cuarto contiguo
con las cabezas bajas, tensos, olfateando
nada en la oscuridad; entre ellos y yo
una puerta blanca con retazos de luz del salón
donde se diría que nunca (tan sosegada es la casa)
ha caminado un hombre de la puerta de calle a la escalera.
Todo ha sido eternamente. Las bestias rasguñan el piso.
He cavilado sobre angeles y demonios
pero nunca un hombre ha estado en un cuarto
vecino a otro atestado de lobos, y por el honor del hombre
afirmo que yo nunca antes lo había experimentado.
Mientras buscaba la estrella vespertina en una fría ventana
y silbaba cuando Arthur derramaba su luz,
oí reñir a los lobos, y dije: Entonces esto es
el hombre; entonces -qué mejor conclusión hay-
el día no seguirá a la noche, y el corazón
del hombre tiene poca dignidad, pero menos paciencia
que un lobo, y un sentido más embotado
que no le permite oler su propia mortalidad. (Ésta y otras
meditaciones serán apropiadas para otros tiempos
despues que el silencio del perro aúlle su epitafio.)
Ahora recuerdo el valor, ve a la puerta,
ábrela y mira si enroscada en lka cama
o temblando junto a la pared, una bestia salvaje
quizá con cabello dorado, con ojos oscuros,
como una araña barbada en un piso bañado de sol
gruñe -y el hombre nunca puede estar solo.
De Allen Tate (versión de César Aira)
con las cabezas bajas, tensos, olfateando
nada en la oscuridad; entre ellos y yo
una puerta blanca con retazos de luz del salón
donde se diría que nunca (tan sosegada es la casa)
ha caminado un hombre de la puerta de calle a la escalera.
Todo ha sido eternamente. Las bestias rasguñan el piso.
He cavilado sobre angeles y demonios
pero nunca un hombre ha estado en un cuarto
vecino a otro atestado de lobos, y por el honor del hombre
afirmo que yo nunca antes lo había experimentado.
Mientras buscaba la estrella vespertina en una fría ventana
y silbaba cuando Arthur derramaba su luz,
oí reñir a los lobos, y dije: Entonces esto es
el hombre; entonces -qué mejor conclusión hay-
el día no seguirá a la noche, y el corazón
del hombre tiene poca dignidad, pero menos paciencia
que un lobo, y un sentido más embotado
que no le permite oler su propia mortalidad. (Ésta y otras
meditaciones serán apropiadas para otros tiempos
despues que el silencio del perro aúlle su epitafio.)
Ahora recuerdo el valor, ve a la puerta,
ábrela y mira si enroscada en lka cama
o temblando junto a la pared, una bestia salvaje
quizá con cabello dorado, con ojos oscuros,
como una araña barbada en un piso bañado de sol
gruñe -y el hombre nunca puede estar solo.
De Allen Tate (versión de César Aira)
miércoles, 13 de julio de 2011
Un loco tocado de la maldición del cielo
Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina
sus canciones hablan de cielos y de cosas
que cuestan la vida al ojo humano
la vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una princesa.
De Leopoldo María Panero
lunes, 11 de julio de 2011
Poema Raro
Conocí a un hombre sin corazón;
Los niños se lo habían arrancado, decían,
Y dado a un lobo hambriento
Que lo cogió y huyó.
Y huyeron los niños, su amo también,
Muy lejos huyó la bestia,
Y tras ella, original persecución,
El hombre sin corazón seguía titubeando.
Conocí a este hombre el otro día
Paseando un orgullo grotesco.
Su corazón restaurado, su semblante alegre,
El dócil lobo a su lado.
De Malcolm Lowry.
Los niños se lo habían arrancado, decían,
Y dado a un lobo hambriento
Que lo cogió y huyó.
Y huyeron los niños, su amo también,
Muy lejos huyó la bestia,
Y tras ella, original persecución,
El hombre sin corazón seguía titubeando.
Conocí a este hombre el otro día
Paseando un orgullo grotesco.
Su corazón restaurado, su semblante alegre,
El dócil lobo a su lado.
De Malcolm Lowry.
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