En la víspera de no partir nunca
al menos no hay que acomodar maletas
ni hacer planos en papel,
con acompañamiento involuntario de olvidos,
para el partir aún libre del día siguiente.
No hay que hacer nada
en la víspera de no partir nunca.
¡Gran sosiego de que ya no haya ni de qué sentir sosiego!
Gran tranquilidad la que ni sabe encoger los hombros.
Por todo esto, el haber pensado todo
es el haber llegado deliberadamente a nada.
Gran alegría de no tener necesidad de ser alegre,
como una oportunidad girada del revés.
¡Hace cuántas veces vivo
la vida vegetativa del pensamiento!
Todos los días sin linea.
Sosiego, sí, sosiego... Gran tranquilidad...¡
Qué reposo, después de tantos viajes, físicos y psíquicos!
¡Qué placer ojear hacia las maletas mirando como hacia nada!
¡Dormita, alma, dormita! ¡Aprovecha, dormita! ¡Dormita!
¡Es poco el tiempo que tienes! ¡Dormita!
¡Es la víspera de no partir nunca!
Fernando Pessoa.
martes, 11 de agosto de 2009
martes, 21 de julio de 2009
Lo llamaré P.
Lo llamaré P., el pavo real práctico, y por unos momentos voy a verlo todo con sus ojos.
P. quiere demoler todos los cementerios, le quitan demasiado espacio.
P. quiere destruir todos los archivos para que nadie sepa quién vivió antes.
P. suprime la clase de Historia.
P. no sabe bien qué hay que hacer con los apellidos, mantienen despierta la idea de los padres, abuelos y otros muertos por el estilo.
P. no tiene nada contra las herencias, se trata de cosas de utilidad, pero no deben estar relacionadas con los nombres de sus antiguos dueños.
P. va más allá todavía que el filósofo chino Mo-Tse: está en contra de los entierros en general y no solamente en contra de la pompa de que van acompañados.
P. quiere la Tierra para los vivos; ¡fuera muertos! Incluso la Luna, monda y lironda, le resulta demasiado buena para ellos; pero a modo de transición podría emplearse este satélite como cementerio. Todo lo que está muerto es lanzado de vez en cuando a la Luna. La Luna como estercolero y cementerio. ¿Monumentos? ¿Para qué? Desfiguran plazas y calles. P. odia a los muertos; el lugar que ellos cogen; se extienden por todas partes.
P. tiene solamente amadas jóvenes. A los primeros signos de debilitación las echa.
P. dice: «¿Fidelidad?». La fidelidad es peligrosa, termina entre los muertos.
P. va por donde puede precedido por un buen ejemplo e inventa formas de crueldad que ponen los pelos de punta.
P. censura un periódico: así tendría que ser. Sin esquelas mortuorias, sin notas necrológicas.
P. que es muy rico, compra todas las momias y las aniquila públicamente y con sus propias manos.
P. sin embargo, no es partidario de matar, sólo es partidario de matar a los muertos.
P. escribe una nueva Biblia adaptando la antigua a lo que él considera las finalidades modernas. Se interesa también por otros libros sagrados y los expurga todos según sus concepciones.
P. se viste de manera que nunca recuerde a los muertos.
P. no se permite que en su casa haya ningún objeto cuyo origen sea conocido por los muertos.
P. destruye todas las cartas y fotografías de personas muertas en el momento mismo de morir éstas.
P. inventa un arte de olvidar que tiene gran eficacia.
P. no visita a los enfermos más que cuando ya están curados. Para los moribundos hay lugares secretos que nadie conoce o personas encargadas de cuidarse de ellos.
P. opina que nuestro trato con los animales es como debe ser. Es sólo lo que se hace con animales domésticos muertos lo que él rechaza y combate.
P. reclama una reeducación de los médicos.
Las especiales oraciones de P. Hay rasgos en Dios que él aprueba. A Cristo lo toma por un farsante.
P. anda de otra manera, como si no supiera nada de muertos.
P. está convencido de que la mirada de un muerto nos deja apestados para siempre y de que jamás vamos a curarnos de esta peste.
P. asegura que no envejecerá nunca porque hace caso omiso de los muertos.
Elías Canetti. La provincia del hombre.
P. quiere demoler todos los cementerios, le quitan demasiado espacio.
P. quiere destruir todos los archivos para que nadie sepa quién vivió antes.
P. suprime la clase de Historia.
P. no sabe bien qué hay que hacer con los apellidos, mantienen despierta la idea de los padres, abuelos y otros muertos por el estilo.
P. no tiene nada contra las herencias, se trata de cosas de utilidad, pero no deben estar relacionadas con los nombres de sus antiguos dueños.
P. va más allá todavía que el filósofo chino Mo-Tse: está en contra de los entierros en general y no solamente en contra de la pompa de que van acompañados.
P. quiere la Tierra para los vivos; ¡fuera muertos! Incluso la Luna, monda y lironda, le resulta demasiado buena para ellos; pero a modo de transición podría emplearse este satélite como cementerio. Todo lo que está muerto es lanzado de vez en cuando a la Luna. La Luna como estercolero y cementerio. ¿Monumentos? ¿Para qué? Desfiguran plazas y calles. P. odia a los muertos; el lugar que ellos cogen; se extienden por todas partes.
P. tiene solamente amadas jóvenes. A los primeros signos de debilitación las echa.
P. dice: «¿Fidelidad?». La fidelidad es peligrosa, termina entre los muertos.
P. va por donde puede precedido por un buen ejemplo e inventa formas de crueldad que ponen los pelos de punta.
P. censura un periódico: así tendría que ser. Sin esquelas mortuorias, sin notas necrológicas.
P. que es muy rico, compra todas las momias y las aniquila públicamente y con sus propias manos.
P. sin embargo, no es partidario de matar, sólo es partidario de matar a los muertos.
P. escribe una nueva Biblia adaptando la antigua a lo que él considera las finalidades modernas. Se interesa también por otros libros sagrados y los expurga todos según sus concepciones.
P. se viste de manera que nunca recuerde a los muertos.
P. no se permite que en su casa haya ningún objeto cuyo origen sea conocido por los muertos.
P. destruye todas las cartas y fotografías de personas muertas en el momento mismo de morir éstas.
P. inventa un arte de olvidar que tiene gran eficacia.
P. no visita a los enfermos más que cuando ya están curados. Para los moribundos hay lugares secretos que nadie conoce o personas encargadas de cuidarse de ellos.
P. opina que nuestro trato con los animales es como debe ser. Es sólo lo que se hace con animales domésticos muertos lo que él rechaza y combate.
P. reclama una reeducación de los médicos.
Las especiales oraciones de P. Hay rasgos en Dios que él aprueba. A Cristo lo toma por un farsante.
P. anda de otra manera, como si no supiera nada de muertos.
P. está convencido de que la mirada de un muerto nos deja apestados para siempre y de que jamás vamos a curarnos de esta peste.
P. asegura que no envejecerá nunca porque hace caso omiso de los muertos.
Elías Canetti. La provincia del hombre.
sábado, 11 de julio de 2009
Lamento por la gente de raf salinger
cuando raf salinger se enamoró o quiso de verdad
salió de sí como de un calabozo
brilló con propia luz
no tuvo tacha ni defecto ni mengua
como caballos como vacas al fin de la jornada
raf salinger vertía sus aguas en plena soledad
fulguró afuera como sol
no pálido de cárcel no en guerra
“cuidado que me lastimás” decía raf salinger
a los hombres de manos ásperas
que como niños están cubiertos de miel
pero le quitan la victoria el vencedor
“oh ángel que te inclinas en la primera mitad”
decía raf salinger furioso cavando
el viento que le envolvía la trasluz
o el revés de los días malos que le comían la verdad
“si el coraje consiste en ser prudente” decía raf salinger
“si los vestidos significan desnudez y miseria
dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio” decía
con gran perdones finalmente
todas las ventanitas se cerraron
cuando raf salinger murió
un calor le creció entre amor y afuera
juntándole los dos al solito
“ah tiempos no distancias que hay entre mí
entre mi calor y mi sol” decía raf salinger
casi disuelto ya bajo la sombra
que le apagaba el hubo que vivir
sobre su gente subió el frecuente olvido
peor raf salinger viajaba abrigado
por un cuerpo desnudo encontrado o joven
Juan Gelman. Los poemas de sidney west.
salió de sí como de un calabozo
brilló con propia luz
no tuvo tacha ni defecto ni mengua
como caballos como vacas al fin de la jornada
raf salinger vertía sus aguas en plena soledad
fulguró afuera como sol
no pálido de cárcel no en guerra
“cuidado que me lastimás” decía raf salinger
a los hombres de manos ásperas
que como niños están cubiertos de miel
pero le quitan la victoria el vencedor
“oh ángel que te inclinas en la primera mitad”
decía raf salinger furioso cavando
el viento que le envolvía la trasluz
o el revés de los días malos que le comían la verdad
“si el coraje consiste en ser prudente” decía raf salinger
“si los vestidos significan desnudez y miseria
dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio” decía
con gran perdones finalmente
todas las ventanitas se cerraron
cuando raf salinger murió
un calor le creció entre amor y afuera
juntándole los dos al solito
“ah tiempos no distancias que hay entre mí
entre mi calor y mi sol” decía raf salinger
casi disuelto ya bajo la sombra
que le apagaba el hubo que vivir
sobre su gente subió el frecuente olvido
peor raf salinger viajaba abrigado
por un cuerpo desnudo encontrado o joven
Juan Gelman. Los poemas de sidney west.
domingo, 14 de junio de 2009
¿Que hace el hombre?
¿Que hace un hombre
Que al levantarse en la mañana
Asoma la mirada al
Breve vacío de su ventana
Y haya el mismo mundo?
¿Que hace un hombre
Que toma su silencio
Con el cansancio del lenguaje
Y nombra al mismo mundo?
¿Que hace el hombre
Ante la puerta desnuda
De su morada desnuda
Y da unos pasos gastados
Hacia el mismo mundo?
¿Que hace ese hombre
Que semejante a si mismo
Desconoce su sentido
Y tiembla de saberlo y escapa
Hacia ese mismo mundo?
Que al levantarse en la mañana
Asoma la mirada al
Breve vacío de su ventana
Y haya el mismo mundo?
¿Que hace un hombre
Que toma su silencio
Con el cansancio del lenguaje
Y nombra al mismo mundo?
¿Que hace el hombre
Ante la puerta desnuda
De su morada desnuda
Y da unos pasos gastados
Hacia el mismo mundo?
¿Que hace ese hombre
Que semejante a si mismo
Desconoce su sentido
Y tiembla de saberlo y escapa
Hacia ese mismo mundo?
La cámara de sí mismo
Somos todos modernos,
desde la primera luz eléctrica,
desde la llama vacía del televisor.
Modernos, tan modernos
que al asomarse al espejo, preguntas
quien existe allá afuera,
quien allá al otro lado,
enfocando la cámara de sí mismo,
la lente orgánica de la emoción,
mientras el tiempo y
su trayectoria va escapando
hacia un lugar allá adelante,
allá más adelante,
allá donde no llegas nunca.
desde la primera luz eléctrica,
desde la llama vacía del televisor.
Modernos, tan modernos
que al asomarse al espejo, preguntas
quien existe allá afuera,
quien allá al otro lado,
enfocando la cámara de sí mismo,
la lente orgánica de la emoción,
mientras el tiempo y
su trayectoria va escapando
hacia un lugar allá adelante,
allá más adelante,
allá donde no llegas nunca.
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