viernes, 4 de julio de 2008

Credo in Deum

Romances sobre el Evangelio «In principio erat Verbum» acerca de la Sanctíssima Trinidad.

1.º
En el principio morava
el Verbo y en Dios vivía
en quien su felicidad
infinita posseýa.
El mismo Verbo Dios era
que el principio se dezía.
Él morava en el principio
y principio no tenía.
Él era el mismo principio
por eso dél carecía,
el Verbo se llama Hijo
que del principio nacía.
Hale siempre concevido
y siempre le concevía;
dale siempre su sustancia
y siempre se la tenía.
Y assí la gloria del Hijo
es la que en el Padre avía
y toda su gloria el Padre
en el Hijo posseýa.
Como amado en el amante
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía.
Con el uno y con el otro
en ygualdad y valía
tres Personas y un Amado
entre todos tres avía.
Y un amor en todas ellas
un amante los hazía,
y el amante es el amado
en que cada qual vivía.
Que el ser que los tres posseen
cada qual le posseýa
y cada qual dellos ama
a la que este ser tenía.
Este ser es cada una
y este solo las unía
en un inefable modo
que dezirse no savía.
Por lo qual era infinito
el amor que los unía
porque un solo amor tres tienen
que su esencia se dezía;
quel amor quanto más une
tanto más amor hazía.


Sor Juana Inés de la Cruz

domingo, 29 de junio de 2008

Saciedad de la Nada.

Descendió sobre nosotros la más profunda y la más mortal de las sequías de los siglos –la del conocimiento íntimo de la vacuidad de todos los esfuerzos y de la vanidad de todos los propósitos.

Alcancé la saciedad de la nada, la plenitud de ninguna cosa. Lo que me llevará al suicidio es un impulso como el que lleva a acostarse temprano. Tengo un sueño íntimo de todas intenciones.

Nada puede ya transformar mi vida. Si… si…Sí pero se es siempre una cosa que no aconteció; y si no aconteció, ¿para qué suponer lo que sería si fuese?


Extracto de "La educación del Estoico". Barón de Teive.

sábado, 21 de junio de 2008

Ezra Pound por Cartier-Bresson.

Ulteriores instrucciones.


Vamos, cantos míos, expresemos nuestras más bajas pasiones,
expresemos nuestras envidia por los hombres con empleo
permanente y ninguna preocupación por el futuro.

Sois muy ociosos, cantos míos,
temo que vais a acabar mal.

Os plantáis por las calles.
Haraganeáis en las esquinas y en las paradas de los autobuses,
no hacéis nada del todo.
Ni siquiera expresáis nuestras noble cualidades internas;
acabaréis muy mal.

¿Y yo? Me he vuelto medio loco.
Tanto os he hablado que casi ya os veo alrededor mío,
¡insolentes bestezuelas! ¡Sinvergüenzas! ¡Faltas de atavío!

Pero tú, canto, el más nuevo de todos,
aún no tienes edad para haber hecho mucho daño.
Te conseguiré una casaca verde en China
con dragones bordados en ella.
Te conseguiré los calzones de seda escarlata
de la estatua del Niño Jesús en Santa María Novella;
no vaya a se que digan que no tengo gusto
o que no hay sangre azul en la familia.

De Ezra Pound.

Este es el verso.

Te joden tu madre y tu padre.
Podrían no hacerlo, pero lo hacen.
Te llenan con los defectos que tenían
Y agregan algo extra, justo para ti.

Pero también ellos, en su momento, fueron jodidos
Por gente estúpida que usaban sombreros y abrigos pasados de moda,
Gente que la mitad del tiempo era sentimentalmente austera
Y la otra mitad, se agarraban del cuello.

El hombre le cede la miseria al hombre.
Y se hunde en las profundidades como una plataforma marina.
Sal de ahí lo más pronto posible.
Y tú mismo no tengas niños.

De Philip Larkin.
Tradución de Diana Dunkelberger y Marcelo Rioseco.

jueves, 12 de junio de 2008